
La finalización de una obra residencial siempre requiere una atención a su entorno exterior, no solo por cuestiones estéticas, sino por la seguridad y viabilidad de los terrenos modificados.
Un ejemplo de ello es una reciente promoción de viviendas de carácter privado ubicada en la localidad de Jaca, en la provincia de Huesca (España), donde el equipo técnico de Fito Aragón S.L. abordó el desafío de revegetar una pendiente elevada acompañada de una mala calidad de su suelo.
La obra necesitaba integrar factores visuales y estructurar los desniveles generados por los movimientos de tierras y para ello se optó por una intervención rápida, eficaz y perdurable en el tiempo. Hay que tener en cuenta que, unas actuaciones en zonas de montaña o piedemonte, suelen poseer perfiles de suelo vulnerables a la escorrentía superficial y a la pérdida de suelo fértil, lo que obliga a recurrir a técnicas de bioingeniería del paisaje para garantizar la viabilidad del entorno.
Siguiendo con esta obra, el escenario de actuación presentaba unas características físicas que dificultaban cualquier intento de revegetación convencional.
Por un lado, la orografía del terreno modificado dejaba desniveles con una pendiente que en varios puntos alcanzaba una inclinación próxima al 1:1, una verticalidad que compromete y mucho, la estabilidad de cualquier terreno ante momentos de precipitaciones.
Por otro lado, la calidad del suelo base era muy deficiente. El perfil dejaba al descubierto un terreno compuesto principalmente por margas, un material sedimentario que presenta serios problemas de disgregación cuando se hidrata y una alta compactación en seco, sumado a un evidente afloramiento de piedra en la parte inferior del talud.
Estas condiciones de partida hacían inviable la implantación vegetal directa, sin una intervención previa de contención mecánica y mejora de la superficie que abarcaba aproximadamente unos doscientos setenta metros cuadrados de área efectiva, a la que era necesario sumar los metros correspondientes a los solapes técnicos de seguridad.
Como hemos avanzado, la responsabilidad de ejecutar esta obra de restauración medioambiental es de la empresa Fito Aragón, entidad con sede en la localidad zaragozana de La Puebla de Alfindén, y que destaca por su solvencia en servicios globales para espacios verdes, y en este caso, en proyectos de paisajismo y revegetación de alta complejidad.
La intervención en taludes con una inclinación tan acusada y sobre un sustrato de margas, requiere de un cuidado técnico, donde cada paso de la instalación determina el éxito a largo plazo del proyecto. En este contexto, el equipo de Fito Aragón planificó la intervención evaluando las tensiones del terreno y las necesidades de anclaje para transformar un entorno estéril e inestable en un espacio verde y más seguro.

Para dar respuesta a las exigencias de este proyecto, el diseño requirió el uso de materiales de alta capacidad de contención. En esta fase de prescripción, Erosionzero intervino mediante su servicio de asesoramiento especializado y suministrando del material adecuado para esta obra: la Red orgánica de coco (K) de 900 gramos.
La elección de este producto específico (Red orgánica de coco de 900 gramos) dentro del catálogo de mallas orgánicas de coco como soluciones para el control de la erosión fue el más indicado para este proyecto. Al tratarse de un talud con pendientes de 1:1 sobre material disgregable, se descartaron gramajes inferiores, apostando por la malla más densa y robusta disponible.
Esta red de novecientos gramos por metro cuadrado ofrece una resistencia a la tracción excepcional, creando una red de contención mecánica capaz de estabilizar el frente del talud de manera efectiva tras su instalación. Además, su alto gramaje le otorga una durabilidad prolongada en el tiempo, un factor importante para proteger el suelo de las lluvias mientras se desarrolla la fase de asentamiento de los vegetales plantados. Por otra parte, la alta densidad de las fibras de coco actúa como un excelente retenedor de la humedad, mejorando las condiciones microclimáticas de un sustrato tan desfavorable como son las margas oscenses.
La instalación de la red orgánica de coco representa la estabilización mecánica del sistema, pero el control definitivo de la erosión se alcanza con el desarrollo de las plantas trepadoras mediante su crecimiento radicular y foliar.
Una vez asegurada la manta sobre la superficie del talud, la estrategia contempló la plantación de especies vegetales de carácter trepador. Esta selección botánica es especialmente adecuada para las condiciones descritas, ya que las trepadoras utilizarán la propia trama reticular de la red de coco de 900 gramos como soporte físico para su expansión inicial.
A medida que estas plantas colonizan la superficie, su entramado aéreo disipa la energía de las gotas de lluvia, mientras que su sistema radicular penetra en el terreno fijándolo y fortaleciéndolo ante escorrentía. Por otra parte, la degradación lenta y natural de la fibra de coco irá aportando paulatinamente materia orgánica al terreno, contribuyendo al ciclo biológico de la restauración.
Como resultado se puede afirmar que, el desarrollo de intervenciones en terrenos tan complejos como este caso, evidencia que la bioingeniería del paisaje ha evolucionado hacia un grado de especialización técnica muy elevado, devolviendo la estabilidad y la vida a espacios que, de otro modo, quedarían condenados a su degradación continua.
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